jueves, 30 de enero de 2014

PERFILES


Marina Ruiz Fernández 
“Desde que conocí el mar, me enamoré de él, su olor, oleaje, susurros de las olas, me relaja, me da paz… cierro los ojos y allí estoy, en el momento que lo deseo.
No sé si es casual que mi nombre ya estuviese pensado antes de nacer, y que fuese herencia de mi abuela paterna, que su significado sea “mujer de mar” y que naciera en una tierra con un “mar de olivos”.

Recuerdos, semblanzas… 
 Allí estaba yo siempre que llovía y mi vecino no podía ir a trabajar en el campo.
Sentada en las rodillas de aquel hombre fuerte, preparada para oirle, no sé qué edad tengo; tres o cuatro años aproximadamente.
A la luz de la gran chimenea, Alfonso mueve sus manos, me hace gestos narrando historias y cuentos cómo un abuelo a su querida nieta, y yo, atenta, embobada oyéndole y mirándole, viajo a esos lugares mágicos que él crea para complacerse, viendo mi cara de asombro y felicidad.
Tal vez gracias a esos momentos tan entrañables, me inculcaron el placer a la lectura y mi pasión por los libros. 
El transcurrir del tiempo me ha traído  hasta  “Café de palabras.”

                                                             

Marina  Ruiz Fernández



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viernes, 10 de enero de 2014

Pensando en Jaén. Fuente del Pilar del Arrabalejo

El libro titulado 'Pensando en Jaén. Ruta literaria comentada por autores gienenses, de la editorial Ediciones Blanca.  Juan Eduardo Latorre ha sido el coordinador de este proyecto, además  es el autor de los dibujos que incluyen los textos de sesenta y cuatro autores y autoras. El libro promete el re-descubrimiento de  los maravillosos rincones de Jaén  a la mirada de escritores y escritoras en un paseo literario y cultural.  Entre los autores se encuentra la colaboración de nuestra compañera Juani Lombardo González con el siguiente texto:


                        
Erase una vez una fuente que…
Paseo distraída por una larga calle, avezada en el pasado del arrabal de la vieja ciudad, hoy llamada Millán de Priego. Toda vestida de asfalto, me dejo llevar por ella; curiosa, la observo y le pregunto con voz queda, ¿dónde has escondido tu historia? Me ignora, aunque no desisto en mi intento de descubrir algún vestigio de ella. 

Y ahí está, frente a la desaparecida Puerta del Sol, ese pequeño monumento a la vida, uno más de los hijos del raudal de la Magdalena. Solemne, elegante, renacentista, con su piedra oscurecida y dañada por el tiempo, sabiéndose salido de aquel otro en que los vecinos del arrabal de la Puerta de Baeza hicieron una petición, tan ancestral como necesaria, demandaban una fuente, y con esta petición en 1573, nació; su diseñador Alonso Barba (discípulo de Andrés de Vandelvira), su creador, el cantero Miguel Ruiz de la Peña. 

Tres cuerpos, apoyados, originariamente, en el lienzo de la muralla. Del primero, con sus dos hornacinas con leones helioformos, brotarán dos caños de agua. Un segundo será adornado con tres escudos: Corregidor y pagador y el central de mayor tamaño que podría ser el imperial y un tercero, también ornamentado y, coronado con un jarrón con flamero sobre cartela, custodiada por perros o leones sedentes y una inscripción fechada en 1574. 
Aprendido tiene en su quehacer de siglos como con el amanecer se va llenando de “voluntades”, que al llegar la noche con paso rápido desaparecerán y ella quedará serena conversando con la luna a la espera de un nuevo amanecer. Sabe que no podrá regalar la inmortalidad, ni ofrecer la eterna juventud pero sí que refrescará los campos, a los cansados labios y en todo momento ofrecerá alivio a los fatigados animales. 
El Pilar del Arrabalejo. Siempre vinculado al sentir del paseante, a las zambullidas de traviesos gorriones, al laborioso trabajo de incipientes investigadores..., Ya no puede mirar hacia el horizonte pintado de huertas y moreras, ni se acercarán los rocines para beber y agradecer su frescor, ya dejamos de ver a la pintoresca multitud proveyéndose de agua con sus cántaros, aprovechando de paso para susurrar sus amores, gemir de melancolía o cantar su alborozo. Pero ahí permanece en pie, esencia de un pasado casi convertido en sueño inventado. Ahí está, solemne para decirle al que quiera escuchar “Erase una vez una fuente que…” Cuántas miles de historias podría contar mientras ofrece su agua, traída por siglos de la Magdalena, a todo el que tiene sed.

Juani Lombardo

                                                                            

sábado, 4 de enero de 2014

PERFILES


Juana Lombardo González

"Campo, tierra de labranza, cereales a punto de estallar, olivos y una hierba fresca, con ganas de vivir,  me dieron la bienvenida una bonita mañana de primavera. Cómo arquitectura, un pequeño pueblo que ya aparecía en las cartas geográficas de Plinio y Ptolomeo, Torrequebradilla (Jaén), así, al menos, me lo contaron. Lo que no hice nunca  es decir que en mis bolsillos de agua, traía dos objetos que siempre me han acompañado: unas sandalias de tacón fino, un toque de coquetería al que nunca me he podido resistir,  y un libro, en el que cada vez que se levantaba la tapa, vocales, consonantes,  signos de puntuación, se entremezclaban, bailando al son de una partitura imaginaria. Y así comencé andar senderos, entre realidades, ilusiones y sueños, y me fui convirtiendo en junco, gaviota, felino o ave fénix, según el caso, hasta dar con un grupo de soñadores que me dejaron asentarme con ellos para tomarnos un “Café de palabras”.




SOY
Soy la mujer que no ha guardado nada para sí.
La que es dócil a las insinuaciones del árbol que florece en la espera.
La que es visible ahora en el silencio.
La que camina delante de su sombra y le sonríe con malicia.
La que traza la forma de las cosas buscando abrigo.
La que ama la paz y la defiende.
La que se aferra a su cuerpo como una forma de prender en la tierra.
La que busca expresar lo que no sabe.
La que aspira escribir una estrofa que ilumine el Arco iris.
La que le gusta arriesgarse.
La que evita que el maquillaje apague su risa
Ni el equipaje lastre sus alas.
En definitiva, soy aquella que niega peinarse con la raya en medio,  Zenet lo canta.



Juana Lombardo González



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