sábado, 23 de noviembre de 2013

25N Día Mundial Contra la Violencia de Género

UN PRIMOR

La cogió del brazo con fuerza y tiró de ella arrastrándola hasta la calle.
͟  ¡No me hagas esto más! ¿Lo entiendes, lo entiendes?
͟   Perdona Juan, no ha sido así. No conozco a ese chico. Miraba a Mónica que estaba detrás de mí - gritaba aturdida, descompuesta, indefensa.
La bofetada sonó a frío latigazo en la cara de Irene. Juan empezó a golpearla con rabia, descontrolado, con el puño, con la rodilla, con el pie. Un golpe tras otro y después otro y luego otros más. Gritos, sollozos, jadeos, mas gritos,  ruidos sordos de golpes haciendo eco en las paredes del callejón, mas gritos. Ya sangraba por varias heridas. Intentaba sólo con sus dos manos protegerse el rostro, el vientre, las caderas, los pechos.
Casi inconsciente, hilvanándolas con un hilo de sangre, Irene dejaba escurrir de su boca embotada, pesada y lentamente, las mismas palabras:
͟  No sigas Juan, ese chico ni siquiera me ha mirado.
Encendido, sin control, salvaje, ciego y sordo pero terriblemente violento acompañaba sus golpes con su enardecida muletilla macabra:
͟   ¡A mí no me harás esto nunca jamás, no me lo vas a hacer, no me lo vas a hacer! ¿Lo entiendes?, ¿lo entiendes? Nunca, nunca, nunca!
La policía pudo comprobar que Irene, apenas sin respiración, seguía musitando:
͟   Ni -si-quie-ra -me –ha- mi-ra-do,- ni- si-quie-ra- me- ha- mi-ra-do – ni- si-quie-ra
Le cerraron los ojos y le abrieron el puño que mantenía fuertemente apretado. Custodiaba un medallón en cuyo reverso pudieron leer: “Juan es un primor”.


Carlos Peris


martes, 12 de noviembre de 2013

PERFILES

Chelo  Galiano Santiago
"Nací en Fuensanta de Martos, una tarde de cine. Lo sé porque me contaron que allí fueron a buscar a la comadrona. Ya entonces, despuntaban mis prisas, tanto, que la mujer, tras partear, pudo regresar a la sala de proyecciones y ver el final de la película.
Tengo dos días menos de edad. El señor del Registro, no quiso venirse a bien, y anotar que mi nacimiento fue en sábado, a él le gustaba más el lunes, así que ese día quedé inscrita a todos los efectos.
Hubo un tiempo en el que pensé, que esta serie de acontecimientos fortuitos eran una señal, un aviso de que mi vida sería pura irrealidad, y visto ahora con el paso de los años, puedo asegurar que así ha sido.
Soñadora incansable, inventora de vidas paralelas, coleccionista de palabras, guionista en busca de tiempos amables… Confieso que me gusta escribir porque me gusta jugar. Y juego a veces, a ser poeta y a relatar lo que mis ojos ven y mi corazón siente.

Gozo volcando mis ensoñaciones en un papel, y espero que quien llegue hasta a mí y me lea, disfrute entre mis letras tanto como yo lo hago escribiéndolas."



LA CASITA DE CRISTAL

Engalanado sale el cazador en busca de su botín. Mira, husmea, rebusca la mejor pieza. Y la ve allí, a lo lejos. Le parece inaccesible, eso le gusta. Para atraerla, la observa, la estudia. Desgrana cada uno de sus gestos hasta conocer sus porqués. La siente segura en su casita de cristal. Segura hasta ahora, piensa.
Sabiéndose inequívoco en su elección, se prepara, apunta y al intentar disparar, ella coloca un dedo, solo uno. Su yema detiene el disparo.
Le mira, sonríe.
Comienza el juego.
Voy a comerte. Serás, el cazador... cazado, le susurra.

Chelo Galiano

Más relatos en el blog 'Y nacimos casualmente'


lunes, 4 de noviembre de 2013

PERFILES

Fernando Fabián Escribano Bravo


"Nací en Madrid entre gente sencilla y universal; de ahí cogí el mundo. Trabajé en Toledo, en una empresa de telecomunicaciones, donde lo importante era el compañerismo. Viví en La Rioja, donde el trabajo y la riqueza de la tierra me acercaron a la Naturaleza. A la vuelta, aquí en Jaén, entre la sobriedad del olivo, y la alegría del agua, empecé a escribir lo que me sucede, y a rimar compartiendo el corazón con una ciudad generosa. Aunque vivo en Andalucía, aun no tengo Wasap; algo que suele utilizar mucho el pueblo andaluz."




INOCENCIA

Fulanita (la cuñada del tío de mi hermana) ha dado a luz. A mi no me gusta ir a molestar a la gente cuando está en el hospital, sobre todo si está recién operada. Hay personas que se matan por llegar los primeros. (Mi cuñado Pablo, sea quien sea el que esté ingresado, es el primero en llegar. Por el camino, seguro que va pensando como justificar estar allí tan pronto. Suele decir: estaba cerca, somos amigos, y si no se cuidan las amistades...).
Yo prefiero esperar y verlos en casa, algo más restablecidos.

Mi pareja se empeñó en ir a ver a la niña. Unos decían que era muy fea, otras que era un amor, y yo hubiera preferido no tener que opinar. Pero allí estábamos, un montón de personas mayores, asomadas a una cuna, y profiriendo toda clase de bendiciones (incluso alguna mostraba deseos antropófagos, que pensándolo bien, daban miedo).

Fui advertido de varias formas, maneras, y en momentos diferentes del día, de que tuviera cuidado, pues la fulanita en cuestión, era muy aprensiva, y conociendo mi trayectoria familiar, lo menos que podía pasar era que la liara delante de la pobre niña, que como era nueva, no me conocía aún. Prometí comedirme más allá de mis posibilidades.

En la cuna había una niña pequeña, morena (tirando a negruzca), peluda, con la nariz chata, y ojos redondos y fijos. No miraban a ningún sitio, pero se fijaban. Inocencia querían poner a la pobre criatura. Cuando todo el mundo empezó a alabar a la recién llegada, me mantuve a la espera de mi turno. (Me di cuenta que existen adjetivos especiales, que nunca le dirías a nadie que se pudiera defender por sí mismo). La cosa es que se iban acabando los cumplidos, aunque cada persona repetía el suyo varias veces, y añadía el que había repetido la persona anterior.

Cuando llegó a mi pareja, comenzó a decir un montón de palabras que nunca había oído yo en casa, (imagino que las habría buscado en el diccionario para quedar bien). La madre que la había traído al mundo estaba pendiente de mi apreciación (seguro que había sido avisada por espías). Mi pareja dijo: es un encanto, y me miró. (La mirada era de advertencia, casi letal, envuelta en una sonrisa traicionera). Era mi turno, yo no quería repetir lo que tantas veces le habían dicho a la nueva, y en un alarde de originalidad y de inocencia le dije (con la mejor sonrisa que en esas circunstancias se puede poner) ¡Qué mona! (Aún duermo en el sofá).

Fabián Madrid


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